¿Huevos o vagina?

Así de simple es. La naturaleza en un momento decide si se expande o se contrae y eso decidirá nuestro futuro, nuestro sexo, todo lo que implica ser de uno u otro: hombre o mujer. Etiqueta que definirá tus privilegios, obligaciones, cargas existenciales, etcétera. Soy la 12va de 13 hijos: 10 son hombres, 3, mujeres. Crecí bastante libre por obvias razones. A mi madre no le daba el tiempo ni la energía para cuidarnos. Por eso fui bastante callejera, anduve en bici, patines y jugando hasta que el sol se metía, entonces era hora de entrar en Xicoténcatl 175, una casa que mi madre decidió “fuera abierta para todos”, incluidos vagabundos, vecinos, compañeros de escuela y cuates. No había distinción, se nos daba comida hasta que se terminaba.

El problema comenzó cuando empecé a embarnecer y me salieron pocas chichis, buena pompa y buena pierna, entonces ya no me permitieron hacer lo mismo que a mis hermanos hombres. Odié esa limitante hasta que probé las mieles de la diferencia: amo los besos y empecé bastante jovencita (mi papá decía que me había ligado al doctor cuando nací). Me gusta con el sexo opuesto y me gusta mucho (hasta ahora, nunca digas nunca). Me pregunto muchísimo por qué la naturaleza decidió hacerme mujer hetero, pudiendo por probabilidad ser hombre o LGTTBXX (no me puedo aprender las siglas).

Quiso mi mejor amiga (no la vida), amar mujeres y entonces comencé a convivir con esta comunidad, salir de desmadre a antros gay, conocer de sus romances, rupturas y traiciones, amores y desamores. Al mismo tiempo que yo pasaba por lo mismo, solo que con señores barbones o bigotones. Mis hijas, en el ínter, viajaron con sus tías hasta que algún día se enteraron que eran novias. Si se escandalizaron, les duró como 5 minutos porque después las amaron como las amo yo. Ahora, la relación más estable y feliz la tienen ellas. Las hetero estamos hechas un desmadre, separadas, la mayoría con amantes de entrada por salida. Hay de todo: las que juraron amor eterno frente al altar (no había manera que yo creyera en esa utopía) y las que organizamos todo de manera sui generis. 

Yo me casé una vez para ver qué se sentía, fui madre soltera y mantuve el romance viviendo cada quien en su casa hasta que se gastó. Recuerdo haber asistido con el corazón roto (recién terminaba la relación con el papá de mis hijas) a la boda de mis amigos diplomáticos, apenas inaugurado el matrimonio homosexual en la Ciudad de México. Acabo de ir visitarlos a su hermosa casa en un país exótico, siguen juntitos y felices. 

No hay fórmulas o leyes para amarse, ni de Dios, ni de la naturaleza. Me gusta que Lu, mi hija de 14 años, me platique de sus amigos bisexuales con tanta naturalidad. Hace tiempo supe que alguien querido fue asesinado por ser homosexual, el típico crimen de odio, terrible, con mucha saña. Me hace pensar en las mujeres, que también somos asesinadas así, solo por ser mujeres. Mientras se nos dan lecciones para que no osemos salir tarde, solas, enseñando que no podemos ser libres, que no somos capaces de asumir nuestra sexualidad y nuestro derecho a decidir cómo, cuándo y con quién nos da nuestra reverenda gana. 

Ahora que ya entendí de qué va salir a divertirme y gritar y bailar en el PRIDE y lo gocé de verdad, como nunca disfruté su desfachatez, su sexualidad abierta, entendí que los derechos hay que defenderlos todos los días, sobre todo ahora, en tiempo de resurgimiento de las derechas.